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¿La nuestra es una “vida cristiana cosmética, de apariencia o es una vida cristiana con la fe laboriosa en la caridad?”. Es la pregunta que se ha planteado el Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

A continuación la reflexión del Santo Padre:

¿Qué es la Fe?

La fe no es sólo rezar el Credo, sino que pide que nos separemos de la avidez y de la concupiscencia para saber dar a los demás, especialmente si son pobres.

La fe no tiene necesidad de aparecer, sino de ser. No tiene necesidad de ser cubierta de cortesías, especialmente si son hipócritas, cuanto de un corazón capaz de amar de modo genuino. Jesús condena ese tipo de seguridad totalmente centrada en el cumplimiento de la ley.

No vivamos de apariencia

Jesús condena esta espiritualidad cosmética, aparentar ser buenos, bellos, ¡pero la verdad es que adentro es otra cosa! Jesús condena a las personas de buenas maneras pero de malas costumbres, esas costumbres que no se ven pero que se hacen a escondidas. Pero la apariencia es justa: esta gente a la que le gustaba pasear por las plazas, hacerse ver rezando, maquillarse con un poco de debilidad cuando ayunaba… ¿Por qué el Señor es así? Vean que son dos los adjetivos que usa aquí, pero relacionados: avidez y maldad.

Jesús dirá de ellos “sepulcros blanqueados” en el análogo pasaje del Evangelio de Mateo, remarcando ciertas actitudes que Él define con dureza como “inmundicia”, “podredumbre”. “Den más bien como limosna todo lo que tienen dentro”, es su contrapropuesta.

La limosna ha sido siempre, en la tradición de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, una vara para medir la justicia. También Pablo, en la Lectura del día, discute con los Gálatas por el mismo motivo, su apego a la ley. Y también el resultado es idéntico porque la ley sola no salva.

Lo que vale es la fe. ¿Cuál fe?

La que trabaja por medio de la caridad. El mismo discurso de Jesús al fariseo. Una fe que no es solamente recitar el Credo: todos nosotros creemos en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, en la vida eterna… ¡Todos creemos! Pero esta es una fe inamovible, no trabajadora. Lo que vale en Cristo Jesús es su labor que viene de la fe o mejor la fe que se hace trabajadora en la caridad, es decir, vuelve a la limosna. Limosna en el sentido más amplio de la palabra: desprenderse de la dictadura del dinero, de la idolatría del dinero. Toda codicia nos aleja de Jesucristo

El Papa Francisco evocó un episodio de la vida del padre Arrupe, quien fue Prepósito General de la Compañía de Jesús:

“Un día, una señora rica lo invitó en un lugar para donarle dinero para las misiones en Japón. La entrega del sobre tuvo lugar prácticamente en la puerta y delante de periodistas y fotógrafos. El padre Arrupe contó haber sufrido una “gran humillación”, pero aceptó el dinero “por los pobres de Japón”. Cuando abrió el sobre había diez dólares.”

Por esto, debemos preguntarnos si nuestra vida, es una vida cristiana cosmética, de apariencia, o una vida cristiana con la fe que trabaja en la caridad.

Jesús nos aconseja dos cosas: “No presumamos de lo que demos”. y “No demos solo lo que nos sobra”. Y nos habla de aquella viejita que dio todo lo que tenía para vivir. Y elogia a aquella mujer por haber hecho esto. Y lo ha hecho un poco a escondidas, quizá porque se avergonzaba por no poder dar más


(Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 14 de Octubre de 2014)